LA POSTMODERNIDAD
Como su nombre indica, es la época que sigue a la modernidad. Por eso aunque este capítulo vaya dedicado a la postmodernidad, no podemos dejar de hablar del periodo anterior a ella.
La nueva época se inaugura con teorías como el estructuralismo o la influencia de autores como Nietzsche o Heidegger que se encargaron de ello. La razón, el arma indestructible hasta la fecha, empieza a ser cuestionada desde todos los puntos de vista, desde el arte a la literatura.
La postmodernidad, como la modernidad, también surge en Francia, de la mano de autores como Foucault, Baudrillard o Derrida. Se considera que empezó en los años sesenta y representa una ruptura completa con las ideas anteriores. La ilustración y sus conceptos son rechazados por completo. Se eliminan la identidad y la unidad, todo está compuesto por diferencias. Surgen nuevos conceptos como la diferencia, alteridad o repetición. Una de sus críticas más duras es hacia la representación: afirma que todo conocimiento está mediado lingüística e históricamente. La grandes teorías que todo lo abarcan ya no tienen éxito, ahora triunfan las microteorías. Abandona el sujeto racional y unificado de la modernidad en favor de un sujeto fragmentado, social y lingüísticamente descentrado. El nuevo pensamiento postmoderno rechaza el humanismo, la fenomenología y el existencialismo.
Las ideas postmodernas critican la filosofía moderna por “su intento imposible de fundar el conocimiento en un lecho rocoso de verdad que pudiera servir de garantía a los sistemas filosóficos”.
La influencia más importante para los autores postmodernos es sin duda, Nietzsche. Crítica nociones tradicionales y fundamentales como las de sujeto, representación, causalidad, valor, verdad o sistema. Otro claro precedente es Heiddegger con su crítica a la metafísica y a la modernidad. Heidegger crítica el sujeto moderno representador y los efectos corrosivos de la técnica y la racionalización, consecuencia del olvido del ser, mientras que propone un nuevo modo de pensar. Aunque éstos sean los más importantes no son los únicos, otros nombres como Wittgenstein, James o Dewey se sumaron a la causa.
El giro que se da en la postmodernidad sigue en general la teoría estructuralista en la primacía que concede al discurso. Lo más importante son los códigos y las reglas. “El sentido no está dado, sino que es socialmente construido a través de ámbitos y prácticas institucionales. El discurso es objeto y campo de batalla donde diversos grupos luchan por la hegemonía y la producción de sentido”.
